Posteado por: consultor2009 | 5 octubre 2009

El emprendedor en su laberinto


Sin ideas no hay emprendedores

Sin ideas no hay emprendedores

Emprender es el verbo de moda. Y día a día aumenta la nómina de emprendedores. Eso habla bien de todos ellos: no se amilanan, nunca cejan, no se rinden ni aunque los vientos sean tormentosos.

Emprender ¿qué? Sobre todo no hay que ni sucumbir ante espejismos ni estrellarse contra los acantilados por  dejarse atrapar por el meloso canto de sirenas. En tiempo de crisis es fácil que alguien pretenda vender hielo a un esquimal o euros a precio de saldo. Aunque emprender tiene su componente de aventura no quiere decir que uno se lo vaya a creer todo con los ojos  cerrados.

El laberinto del emprendedor conoce de celadas, pretendidos atajos, supuestos chollos, y demás estafas de la ilusión. Emprender con los pies en el suelo sería lo deseable. Con todas las dosis de autoestima, arrojo, valentía, capacidad de esfuerzo, de las que uno pueda hacer acopio pero con los ojos bien abiertos o los que “emprenderán” rumbo a  nuestro bolsillo serán otros. He aquí algunos escollos en el camino:

Que el bosque de los adjetivos no te impida ver el árbol  del producto o servicio. Está muy bien eso de presentar nuestros productos o servicios con todo lujo de detalles e insistir en sus virtudes. Es nuestro “hijo”, ¿quién mejor que nosotros para hablar de sus bondades? Pero sin pasarse. ¿Vende más la exageración que la verdad? ¿Todos los compradores se dejan llevar por  impulsos ancestrales como diagnostican los gurús del marketing “online”? ¿A golpe de adjetivos, a cual más disparatado, salivará  convenientemente el perro de Pavlov? ¿Sirve o no sirve? ¿Es bueno en su género?

No puede ser que los siete sean magníficos. Productos milagro, el mejor en su género, ¿Like no other?…, todos se postulan a caballo ganador. Los productos y los servicios satisfacen necesidades de todo tipo, esas que el prestigioso psicólogo Maslow identificó de manera certera: fisiológicas, de seguridad,  de reconocimiento, culturales, de autorrealización, etc. A través de Internet, además  las distancias son menos y se favorecen los intercambios, etc. Todo eso está muy bien. Y la varita mágica que  la utilicen los ilusionistas para alegrarnos la vida en momentos de ocio.

No más plagas de Egipto, por favor. No me estreses, no me acoses con la obligación de decidirme a comprar tu producto antes de las cero horas de hoy mismo o me alcanzarán los siete jinetes del Apocalipsis.

¿Sin trucos no hay paraíso? El único “truco” válido está en encontrar un producto o servicio que merezca  la  pena, con la calidad necesaria, original,  sin competencia, de bajo coste. Un producto que satisfaga tanto a quien lo fabrica y lo comercializa como a quien lo compra que se convierte desde ese momento  en aliado propagandista.

Por ahí, vamos.

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Responses

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  2. Información Bitacoras.com…

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